lunes, 27 de abril de 2009

El texto lírico-poético y el origen de la poesía

Poesía y prosa
(Eduardo Lizalde)

A Carlos Fuentes

La prosa es bella
-dicen los lectores-.
La poesía es tediosa:
no hay en ella argumento,
ni sexo, ni aventura,
ni paisajes,
ni drama, ni humorismo,
ni cuadros de la época.
Eso quiere decir que los lectores
tampoco entienden la prosa.

De acuerdo con lo que hemos platicado, entendemos por texto lírico todo aquel que tiene las siguientes características, según Pound, Ezra (1983) El arte de la poesía, Joaquín Mortiz, México:

Melopea: capacidad de generar ritmo y melodía
Fanopea: capacidad de crear imágenes
Logopea: capacidad de transmitir ideas mediante las imágenes que crea

Tales características provienen de su origen como lenguaje utilizado en las ceremonias de culto a la Diosa Luna, señora de los ciclos agrícolas, reina y madre. Para preserva tal culto, que inició en el Paleolítico, se codificó en verso (del latín versus: surco) como estrategia nemotécnica para que pudiera transmitirse de generación en generación, si quieres saber más sobre el mito de la Diosa, checa la etiqueta de amor cortés; esta información proviene de: Graves, Robert (1994) La Diosa Blanca, gramática histórico del mito poético, Alianza..



Entonces, a través del ritmo cada poeta podía recordar los misterios descubiertos por sus antecesores y crear los suyos. De ahí proviene la Melopea.

La Fanopea surge a partir de la metáfora, de la capacidad de trasladar el significado de los fenómenos al terreno de lo mítico, para explicar y recrear.

Cuando hablamos de la Logopea, trasladamos el ritmo, la metáfora como imagen y creamos un significado, el misterio codificado a través de las imágenes y el ritmo nos trasmiten una idea.

Al comprender esta última característica, podemos entender la utilidad de la poesía y su lugar en el mundo moderno:

Podemos afirmar que el lenguaje del mito poético, corriente en la antigüedad en la Europa mediterránea y septentrional, era un lenguaje mágico vinculado con ceremonias religiosas populares en honor de la Diosa Luna, algunas de las cuales datan de la época paleolítica, y que éste sigue siendo el lenguaje de la verdadera poesía.

La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita. En la actualidad la función y la utilidad siguen siendo las mismas, sólo la aplicación ha cambiado. Esta era en un tiempo una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de la casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta la advertencia, ha trastornado la casa con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria, y se ha arruinado a sí mismo y a su familia. La actual es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía. Donde la serpiente, el león y el águila corresponden a la carpa del circo, el buey, el salmón y el jabalí a la fábrica de conservas; el caballo y el lebrel a las pistas de apuestas y el bosquecillo sagrado al aserradero. En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como "personal auxiliar del Estado". En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad.

Graves, Robert (1994) La Diosa Blanca, gramática histórica del mito poético, Alianza Editorial, Barcelona, pág. 16

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